Hay tantas cosas que
te digo y me digo sin que las escuches o las vayas a escuchar un día y no deseo
decírtelas para no incomodarte, para que no me odies más, para no aburrirte o
asustarte, para que no me taches de superficial o insensible.
Como las tantas
veces que te digo en mi mente que te amo demasiado y que te extraño como ni
idea tienes, o como cuando te pienso y digo si necesitas algo que pueda hacer
por ti ahora mismo.
Hoy, por ejemplo,
salí de la maestría y pensé en decirte: Tengo la tarde libre, ya salí de
clase, ¿paso por ti? ¿Adónde quieres ir? Luego pienso en la respuesta que me
dirías.
Ahí es cuando creo que no tiene sentido
decirlo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario